Hombre murió abandonado por su familia en un asilo. Lo que dejó bajo su almohada, hizo llorar a todos

Esta historia que te traemos es una que seguro te dejará sin palabras porque nos hace reflexionar bastante por medio del mensaje que nos otorga.

Se trata de la historia de Mak Filiser. Él era un anciano que había muerto en un asilo olvidado por su familia, ya que lo habían ido a dejar ahí y casi nadie nunca lo visitaban. Era raro que algunos de sus hijos o nietos fueran a verlo.

El día de su muerte, los enfermeros que lo cuidaban encontraron una carta doblada en la cama de Mak. La leyeron y les propinó una lección y mensaje muy grande.

La hoja contenía unas palabras dirigidas para muchas personas. Y si de casualidad quieres leerla, mira a continuación y sorpréndete.

¿Qué ves enfermero? ¿Qué ves?

¿Qué piensas cuando me miras?

¿Ves un hombre irritable, no muy sabio, con ojos lejanos y hábitos inciertos?

Ese que regatea la comida y no responde en esas que veces cuando dice en voz alta: ¡espero que lo pruebes!

Y que constantemente pierde los zapatos o el calcetín y a veces se resiste a comer o bañarse.

¿Es eso lo que miras y piensas?

Abre los ojos enfermero… No me estás mirando a mí.

Acepté el regalo de nacer y comí según su agrado.

He sido un niño de 10 años con una madre y padre, hermanos y hermanas que se amaban.

También he sido un joven de 16 años con alas que soñaba su gran futuro, por ejemplo, el tener una mujer para amar.

A los 20 se cumplió ese sueño y mi corazón se me resalía del pecho.

A los 25 llego nuestro primer hijo y nos mudamos a una casa propia.

A los 30 mis hijos empezaron a crecer rápidamente.

Y muy pronto mis hijos siguieron su camino, pero mi esposa se quedó junto a mí. Todo siguió bien.

A los 50 años, una vez niños jugaban sentados en mis piernas, pero luego mi mujer murió.

Miraba mi futuro y veía escalofríos. Mis hijos crecieron y también sus hijos.

Hoy pienso en los años transcurridos y el amor que tuve.

Soy un viejo y la naturaleza ha sido cruel.

La vejez es una burla, todos te miran como si fueras un imbécil.

El cuerpo se deshace y la gracia y fuerza desaparecen.

Pero dentro de esta carcasa aun vive un joven y de vez en cuando sueña con todo lo bueno que tuvo.

Recordando las alegrías, pero viviendo el dolor.

Pienso en todos los años, que siempre son muy pocos y que rápidamente se pasan.

Aceptar los hechos es muy crudo.

Por lo tanto, abran los ojos y vean.

Ustedes no ven a un viejo irritable.

Miren más de cerca… ¡Me ven a mí!

Seguro esta historia te dejó con un gran mensaje. Abandonar a una persona de edad en un asilo y dejarlo ahí es lo peor que se puede hacer. Ellos tienen vivencias, sabiduría y una gran historia que contar.