Madre y 3 hijos tuvieron la misma vecina durante 21 años: Revela el horror tras la puerta cerrada

Lamentablemente en la actualidad en la mayoría de los casos, nuestros ancianos son víctimas del olvido y el abandono, no únicamente por parte de autoridades sino de sus propios familiares, se olvidan de todo lo que ellos hicieron por nosotros y que como cualquier otro ser humano merecen ser tratados con amor y respeto y vivir en un lugar digno.

Historias como la que te contaremos a continuación son sin duda la que nos devuelven la fe en la humanidad, es admirable que alguien deje sus cosas de lado y se centre en ayudar a alguien sin que exista ningún interés de por medio, únicamente el bienestar de esa persona. Esperamos que esta historia inspire a muchos a hacer algo valioso por alguien que lo necesite, pues la vida es tan sabia que nunca sabemos cuándo nos toque a nosotros necesitar de alguien más.

Lucy Ashen es de Reino Unido, tiene aproximadamente 20 años viviendo en el mismo piso junto a sus tres hijos. Por lo general ella solía llevarse muy bien con los vecinos excepto que no había podido hacer nunca amistad con una anciana quien se mostraba bastante desconfiada y casi nunca salía de su casa ni tampoco nadie entraba en ella.

Ashen sólo sabía que la mujer vivía sola, posiblemente ocupaba ayuda en algunas cosas pero no la pedía y ella no se atrevía a ofrecérsela por no invadir su privacidad. Nunca nadie la visitaba y tampoco parecía ir a visitar a nadie, estaba completamente sola y eso la intrigaba mucho, tanto que un buen día decidió acercarse a ella y ganarse su confianza, ella confiesa que no fue nada fácil pero finalmente y poco a poco lo logró, incluso la anciana llegó a invitarla a su hogar. Sin embargo, Lucy nunca imaginó lo que encontraría ahí.

Nunca imaginé que viviría en tales condiciones, fue horrible darme cuenta de su triste realidad, jamás olvidaré aquella escena”, compartió Lucy Ashen en Facebook.

La casa de la anciana estaba completamente sucia y en total miseria, el mobiliario estaba a punto de desmoronarse por los años que tenían, todo estaba en pésimas condiciones, hasta el suelo y las paredes estaban cubiertos de mugre, su ropa y el refrigerador, este estaba sin un solo alimento. Ahora entendía porque la anciana olía tan mal, ella duraba incluso hasta semanas sin ducharse y cuando lo hacía era la misma porque la ropa que se ponía estaba sucia al igual que todo lo que había en su casa. Para dormir únicamente tenía un colchón casi con lodo y los resortes de fuera, daba una profunda tristeza mirar ese panorama, Lucy sabía que de alguna forma tenía que ayudarla.

Junto con su hija, Lucy comenzó a limpiar todo el lugar, tiró todo lo que pudo y tallaron por horas el piso hasta dejarlo limpio y desinfectado. Enseguida decidió compartir la historia de la anciana en redes sociales con el fin de que la gente se solidarizara y aportara algo para la casa de la anciana. Ella sabía que quizás su acción no daría resultado pero terminó sorprendida al ver cuanta gente de buen corazón se unió a la causa y donaron todo tipo de cosas.

Afortunadamente aún existen personas generosas y la casa de la anciana quedó irreconocible; ya tenía un lugar cómodo y limpio en donde descansar, ropa limpia, el refrigerador con comida e incluso varios muebles. Pero lo más importante que obtuvo la anciana fue la compañía de Lucy y sus hijos, quienes comenzaron a ayudarla en todo lo que estaba en sus manos. Incluso a diario come con ellos y confiesa estar muy agradecida pues se siente parte de una familia que nunca tuvo.

Lucy agradece a todas las personas que aportaron un granito de arena para hacer más cómoda la vida de la anciana, ahora si vive en un lugar digno y la compañía nunca más le volverá a hacer falta.

Esta historia es un gran ejemplo de humanidad y generosidad, ningún anciano tendría que pasar por algo tan lamentable, ellos merecen ser tratados con respeto y amor y vivir en un lugar digno, ¡no nos olvidemos de ellos!

COMPARTE esta hermosa historia con final feliz, no hay nada que la unión de las personas no pueda lograr.